En el pasaje de la “enseñanza de la publicidad” a “la enseñanza de la poesía” una practicante se desespera porque este nuevo objeto abre nuevos interrogantes. Decide trabajar a partir de la lectura y configura un apunte con textos provenientes del terreno publicitario y a pesar de que esos textos parecían poemas, en el aula, nada de eso podía ser leído como poesía. Establece un segundo corpus con caligramas, haikus y poemas experimentales que presentó en los estudiantes la misma resistencia que el anterior. Cuando la primera consigna de escritura apareció en aula la practicante pensó que las cartas estaban echadas, sin embargo los estudiantes escribieron sus poemas. Los textos escritos como respuesta a la segunda consigna dejaron a la practicante más sorprendida todavía. Después de sostener que la poesía “no puede ser enseñada” porque reclama la experiencia la practicante verifica que para que esa experiencia tenga lugar deben suceder algunas cosas y esas cosas pasaron en su práctica.
Lo que sostiene este trabajo es que el desarrollo de esa práctica estuvo marcado por una serie de decisiones y que esas decisiones (acertadas y desacertadas) que tomó la practicante implicaron: el establecimiento de un marco teórico para trabajar, la certeza de que el proceso de enseñanza es una actividad intencional y guiada, la convicción de que el aprendizaje debe implicar un conflicto y la adscripción, como consecuencia de todo lo anterior, a un modelo de profesor.
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retomo la escena del copete.
ResponderEliminarme parece que ilumina aún más la pregunta que te hacés en el desarrollo de la práctica y eso que viste que se te había escapado antes: eso que pasa allí debajo. en los pupitres hay textos y prácticas; debajo, en el piso, ahí donde primero no vemos puede haber otras! que resultan tan productivas como las que pensamos primero.